jueves, 31 de octubre de 2013

"in-segura"

-La tía Scarlet me los mando como regalo-, le conteste esperando lo que tuviera que decir el sobre mi cumpleaños.

-¿Por qué te enviaría un regalo? - , pregunto en cambio. Yo mire hacia el frente 
mientras nos acercábamos a la escuela.

-¿No lo adivinas?-, le replique con una sensación extraña que comenzaba en el fondo de mi estomago.

-(Tn)_______ yo renuncie hace mucho a entender como funciona la mente de tu tía- , bromeo mientras yo me esforzaba por sonreír ante el hecho irrefutable de que Ross habia olvidado mi cumpleaños.

En cuanto estaciono el auto abrí la puerta y baje en silencio.

-¿Mucha prisa?-, pregunto divertido mientras bajaba.

-Si, algo asi, ¿nos vemos en el almuerzo?-, pregunte tratando de excusar mi conducta. En todos los años que habíamos sido amigos Ross nunca habia olvidado esta fecha, aunque nunca era el primero en felicitarme, tal vez tenia demasiadas cosas en la cabeza y luego lo recordaría. Me esforcé en creer eso.

-Hoy no, los chicos quieren aprovechar el tiempo para un partido rápido-, contesto mientras yo asentía. Ross amaba el fútbol siempre lo había hecho y no era la primera vez que anteponía eso al almuerzo o… a mi.

Cuando llegue a mi primera clase me senté justo al lado de Lara, era difícil describir a mi única amiga en la escuela, sus ojos estaban delineados de negro, su cabello rubio parecía una explosión de rizos húmedos que caían hasta su camiseta negra con la palabra ¨RAMONES¨ en el frente. Ella se divertía diciendo que era genial estar juntas, el cielo y el infierno. Ella un pequeño demonio y yo un inocente ángel de mejillas rosadas y cabello rubio miel.

No estaba segura si era bueno ser el querubín.

-¡Hola señorita cumpleañera!- , saludo Lara, y aunque estaba feliz porque lo recordara aquello solo formo un nudo en mi garganta.

-Hola-, le dije mientras ella fruncía el seño.

Tenia entres sus dedos con uñas pintadas perfectamente de negro, una cajita de color azul cielo, la miro y luego a mi de nuevo.

-¿Qué?-pregunto mientras yo parpadeaba.

-Nada- trate de sonreír encogiéndome de hombros.

La mirada intensa de sus ojos verdes por poco hace que rompa en llanto ahí, en medio del salón de clases, al final ella soltó un bufido poco femenino y me tendió la cajita.

-Tu regalo- , murmuro mientras yo lo tomaba y sin siquiera verlo le daba un fuerte abrazo.

-Gracias-, susurre al tiempo que ella me daba palmaditas en los hombros.

-Muestra de cariño publica ¡puaj!- , bromeo haciéndome reír.

-Yo siempre he dicho que el amor no debe ocultarse-, se burlo 
Lara creía que Ross podia ponerle un alto, pero yo no deseaba ser quejumbrosa, eran mis batallas.


El profesor llego antes de que Lara le saltara encima.


Regrese a casa caminando pues el partido de Ross se habia alargado mas de la cuenta y los dos sabíamos que el futbol no era lo mío, aunque dudo que el hubiera puesto mucha atención cuando le dije que me iba, de nuevo el nudo en la garganta pareció hacerse enorme y me esforcé por pensar en las cosas lindas del dia.


El regalo de Lara habia sido una pulsera de colgantes, en ella mi amiga, que repetía las muestras de cariño, me habia mostrado todo su amor. Habia una pequeña cámara, un ángel y un pequeño demonio, también un perro que según Lara representaba a Ross, a lo cual yo solo rodé los ojos. También tenia un corazón y un pequeño león juntos Lara me habia explicado que yo tenia un gran corazón y que eso requería ser demasiado fuerte para que pudiera sobrevivir a la maldad de la gente era un regalo precioso.


Termine mis deberes a las 8 de la noche y me disponía a ducharme, cuando mi mama llamo desde abajo. Al final de las escaleras ella señalo la puerta y me guiño el ojo.


-Es Ross-, murmuro con una risita y desapareció hacia la estancia.


Esta vez cuando lo vi no estaba nerviosísimo, queria estar enojada con el, pero tampoco podia, simplemente no podia, muy en el fondo habia una tristeza honda que habia demeritado los colores de todo el lugar.


-Hola- , saludo con ambas manos en la espalda.


-Hola-, conteste sentándome sin invitarlo en las escaleras del porche, el se unió unos segundos después.


Me troné los dedos en un gesto de nerviosismo y el debió notar la pulsera pues la señalo con su dedo índice.


-¿Otro regalo?- , pregunto mientras yo asentía sonriendo ante la pulsera y el tintineo que las figuritas provocaban.


-Me la dio Lara, ¿puedes creerlo?, tiene un corazón detallista en el fondo-, le dije mientras el suspiraba, una de sus manos tomo la mia para ver mas detenidamente las diferentes figuras. Yo queria mas que nada y aunque pareciera tonto, tomar su mano y entrelazarla con la mia, pero el la soltó de nuevo.


-¿Por qué no me dijiste?-pregunto.


-Que yo sepa no funciona asi-, le conteste frunciendo el seño.


-Lo siento, (Tn) ______, tengo muchas cosas en la cabeza y bueno, no es excusa, pero … -, se callo y me tendió una caja de chocolates. Igual a la que me habia regalado los últimos 10 años. Como si nada hubiera cambiado.-Feliz cumpleaños-, murmuro cuando la tome y se inclino para darme un beso en la frente.- ¿Cómo estuvo tu dia?-pregunto después de varios minutos de un silencio mas bien incomodo.


-Normal-, murmure, aunque quise decirle mucho más. “Normal como los últimos meses, tu casi me ignoras, Daisy se burlo de mi, Lara me hablo mal de ti y yo me siento cada vez mas sola a tu lado…” 


Sabia que por simple educación debía preguntarle sobre su dia, o el partido, o las clases, … pero ya no tenia ganas, la tristeza habia aumentado en vez de disminuir, no importaba que el lo hubiera recordado.


“Estas muy dramática”, necesitaba encontrar la forma de no verme como una niña llorona, no frente a el.


-¿No me has perdonado verdad?-, pregunto haciendo que lo mirara.


-No tengo nada que perdonarte-, el asegure forzándome a sonreír.


Ross me miro a los ojos por varios segundos y se inclino hacia mí lentamente con algo de impotencia y enojo en sus ojos verdes.


-Perdón-, murmuro antes de unir mis labios a los suyos. En realidad nos habíamos besado pocas veces y a mi no me preocupaba ir lentamente, en nosotros funcionaba bien, o de eso se trataba de convencerme, pero los pocos besos que habíamos compartido, esos los recordaba todos, cada mínimo detalle; la forma como el entreabría mis labios, solo rozando, la forma en que su lengua delineaba mi labio inferior y se separaba justo cuando la mia salía a perseguirlo.


Esta vez algo cambio, no pude detener el sollozo de mi garganta y el me atrajo mas hacia su cuerpo, habia pasado una mano por mi cintura sin darme cuenta, nuestras lenguas por fin se unieron, titubeantes e indecisas. El beso fue tan lento que parecíamos no querer movernos o tener miedo de hacerlo, pero al final el se separo y desvió la mirada.


-Me tengo que ir-, aseguro dándome otro beso en la frente, dejándome con la caja de chocolates en las manos y deseando que el quisiera besarme mas y no únicamente cuando hiciera algo mal. Daisy Thompson, la capitana del equipo de porristas y mi mayor temor escolar. Siempre me había molestado pero desde que Ross y yo éramos novios eso se habia multiplicado; bromas, chistes ofensivos, etc.

Lara creía que Ross podia ponerle un alto, pero yo no deseaba ser quejumbrosa, eran mis batallas.

El profesor llego antes de que Lara le saltara encima.

Regrese a casa caminando pues el partido de Ross se habia alargado mas de la cuenta y los dos sabíamos que el futbol no era lo mío, aunque dudo que el hubiera puesto mucha atención cuando le dije que me iba, de nuevo el nudo en la garganta pareció hacerse enorme y me esforcé por pensar en las cosas lindas del dia.

El regalo de Lara habia sido una pulsera de colgantes, en ella mi amiga, que repetía las muestras de cariño, me habia mostrado todo su amor. Habia una pequeña cámara, un ángel y un pequeño demonio, también un perro que según Lara representaba a Ross, a lo cual yo solo rodé los ojos. También tenia un corazón y un pequeño león juntos Lara me habia explicado que yo tenia un gran corazón y que eso requería ser demasiado fuerte para que pudiera sobrevivir a la maldad de la gente era un regalo precioso.

Termine mis deberes a las 8 de la noche y me disponía a ducharme, cuando mi mama llamo desde abajo. Al final de las escaleras ella señalo la puerta y me guiño el ojo.

-Es Ross-, murmuro con una risita y desapareció hacia la estancia.

Esta vez cuando lo vi no estaba nerviosísimo, queria estar enojada con el, pero tampoco podia, simplemente no podia, muy en el fondo habia una tristeza honda que habia demeritado los colores de todo el lugar.

-Hola- , saludo con ambas manos en la espalda.

-Hola-, conteste sentándome sin invitarlo en las escaleras del porche, el se unió unos segundos después.

Me troné los dedos en un gesto de nerviosismo y el debió notar la pulsera pues la señalo con su dedo índice.

-¿Otro regalo?- , pregunto mientras yo asentía sonriendo ante la pulsera y el tintineo que las figuritas provocaban.

-Me la dio Lara, ¿puedes creerlo?, tiene un corazón detallista en el fondo-, le dije mientras el suspiraba, una de sus manos tomo la mia para ver mas detenidamente las diferentes figuras. Yo queria mas que nada y aunque pareciera tonto, tomar su mano y entrelazarla con la mia, pero el la soltó de nuevo.

-¿Por qué no me dijiste?-pregunto.

-Que yo sepa no funciona asi-, le conteste frunciendo el seño.

-Lo siento, (Tn) ______, tengo muchas cosas en la cabeza y bueno, no es excusa, pero … -, se callo y me tendió una caja de chocolates. Igual a la que me habia regalado los últimos 10 años. Como si nada hubiera cambiado.-Feliz cumpleaños-, murmuro cuando la tome y se inclino para darme un beso en la frente.- ¿Cómo estuvo tu dia?-pregunto después de varios minutos de un silencio mas bien incomodo.

-Normal-, murmure, aunque quise decirle mucho más. “Normal como los últimos meses, tu casi me ignoras, Daisy se burlo de mi, Lara me hablo mal de ti y yo me siento cada vez mas sola a tu lado…”

Sabia que por simple educación debía preguntarle sobre su dia, o el partido, o las clases, … pero ya no tenia ganas, la tristeza habia aumentado en vez de disminuir, no importaba que el lo hubiera recordado.

“Estas muy dramática”, necesitaba encontrar la forma de no verme como una niña llorona, no frente a el.

-¿No me has perdonado verdad?-, pregunto haciendo que lo mirara.

-No tengo nada que perdonarte-, el asegure forzándome a sonreír.

Ross me miro a los ojos por varios segundos y se inclino hacia mí lentamente con algo de impotencia y enojo en sus ojos verdes.

-Perdón-, murmuro antes de unir mis labios a los suyos. En realidad nos habíamos besado pocas veces y a mi no me preocupaba ir lentamente, en nosotros funcionaba bien, o de eso se trataba de convencerme, pero los pocos besos que habíamos compartido, esos los recordaba todos, cada mínimo detalle; la forma como el entreabría mis labios, solo rozando, la forma en que su lengua delineaba mi labio inferior y se separaba justo cuando la mia salía a perseguirlo.

Esta vez algo cambio, no pude detener el sollozo de mi garganta y el me atrajo mas hacia su cuerpo, habia pasado una mano por mi cintura sin darme cuenta, nuestras lenguas por fin se unieron, titubeantes e indecisas. El beso fue tan lento que parecíamos no querer movernos o tener miedo de hacerlo, pero al final el se separo y desvió la mirada.

-Me tengo que ir-, aseguro dándome otro beso en la frente, dejándome con la caja de chocolates en las manos y deseando que el quisiera besarme mas y no únicamente cuando hiciera algo mal.





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